martes, 28 de octubre de 2014

Un año desde la operación de tendinosis, el deseo de correr una noche mientras nieva y un señor de Botero.


El día 17 de Octubre de 2.013 me operé del tendón de aquiles. Lo conté a nivel de detalle en la correspondiente entrada de blog, aunque ahora he retrado las fotos de batas culeras sin dorsal, grapas, vendas y ventanas de amanecida hospitalaria.

Esto te hace diferente. No sabría decirlo mejor, pero es así, el estar operado de esto te hace diferente, distinto de los demás y distinto del uno mismo que se guarda en la memoria. Y es ahora cuando puedo repasar este año me doy cuenta de que ha sido muy duro, que soy mucho más débil de lo que pensaba que era y que las cosas se podrían haber hecho mejor. 

O sea, lo normal en estos casos.

Ahora repaso mis primeros rodajes y me asombro de revivir lo que me dolía el pie. Nadie en su sano juicio (que no sea maratoniano) haría lo que yo hice. Duele el pie, tira el tendón, los gemelos se cargan, la pisada era muy extraña, débil e insegura, las rodillas no están habituadas, el peso es excesivo, el cansancio angustia, todo es malo, negativo y te puede el miedo a volver a romperte unido a la frustración de no ser el corredor que se era.

Los cientos de kilómetros recorridos licuan el cerebro lo suficiente como para continuar, esa es la única explicación.

Las semanas iniciales eran de dos días, de cinco kilómetros a 6 ó 7 minutos. Pasaron a ser de tres días. Los tiempos medios mejoraron y celebré un día cuando metí un kilómetro bajo los cinco minutos.

Y un día corrí una carrera de 10k con mi amigo. Cumplí y nos pudimos encontrar en la llegada, he vuelto, le pude decir.

Y un día corrí con mi hermano una de 16k en la Casa de Campo, quedamos los quintos por la cola y lo celebramos.

Y un día corrí por esa zona junto al río por el que tantas veces pasé en bicicleta añorando correr.

Y un día corrí 100 metros lisos en el Meeting Internacional de Madrid.

Y un día corrí junto al mar.

Y un día corrí con mi hijo una carrera a 5 clavados.

Y en verano pasé un mal momento con una tendinitis aquilea bilateral. Cambié de zapas y dejé las plantillas.

Y un día corrí con los del club. Dejé amables amigos que se han convertido en lobos hambrientos de maratón.

Y un día corrí por la Casa de Campo fuera de los caminos, esquivando ramas, saltando desniveles, gritando de pura emoción. 

Y ese día me curé. ¡Aleluya hermano¡.

Y esta mañana he completado un rodaje con buenos kilómetros, he corrido incluso a 4.10. en un tramo y al final del todo he llegado entero, 

Ahora ya no tengo retos. Lo he cambiado por deseos.

Deseo escaparme a correr en la montaña, perderme y encontrarme mil veces.
Deseo correr la San Silvestre con mi hijo.
Deseo llevar a mi hija esta tarde al club para que pruebe lo que es esto del atletismo.
Deseo hacer 100ml sin pensar en nada más que explotar toda la velocidad.
Deseo correr una noche en la que nieve.
Deseo correr un maratón y saludar a los amigos.
Deseo correr.

Maratón es el deporte de la Victoria, entendida como un Magis, la excelencia de uno mismo, la piedra en bruto del escultor, de la cual bien te puede salir el David de Miguel Ángel o bien un señor de Botero.

lunes, 13 de octubre de 2014

El sentido de correr, un día cualquiera.

Sopla el viento de cara mientras subo la cuesta. Es muy molesto, ahora no llueve pero el suelo está mojado. El aire aún no es frío pero viene con ese matiz incómodo de cuando el frescor no satisface ni alegra como en verano o primavera.

El cortavientos fino alivia un poco, pero ya no es salir con una camiseta y ya, toca otoño, mes de las hojas en el suelo y primeras medio maratones de la temporada. Y mientras llego a lo más alto de mi recorrido me pregunto qué hago allí, solo, de noche, empapado por la humedad moviendo las piernas casi sin fuerzas.

Una chica se cruza en mi camino, a otros ritmos pero somos la misma idea, no son ni las siete y ahí estamos, no corremos, buscamos otra cosa y esa cosa nunca llega o si llega no nos vale. 

Puedo girar a la izquierda y terminar este sin sentido por la vía rápida. En cambio, sigo hasta el final, doy la vuelta y completo el recorrido previsto.

No tengo ni idea de lo que busco, ni de lo que necesito, del cómo ni del por qué, pero me siento llamado a estar ahí, rodando, tratando de avanzar un poco más rápido, un poco más lejos.

Las montañas se distinguen con dificultad, está aún muy oscuro. Las nubes deben de estar descargando por allí. No hay una luz y me siento muy pequeño en medio de todo este inmenso cielo. 

Vuelvo a casa, y a la altura del portal pulso el botón de parada del GPS. El recorrido queda grabado con la idea de repasar en breve los pasos por kilómetro. Estiro los gemelos para liberar la tensión de los aquiles. Subo el pie sobre un pequeño muro y mientras aprovecho para desabrochar los cordones.

Saco las llaves y me meto en el portal. Una ducha, un café caliente y un nuevo día regalado para ser vivido con buenas intenciones. Ser corredor es bueno, en el sentido grande la palabra, ya me entendéis, me refiero a ese ser bueno como cuando lo decimos de esa persona que seguramente conocemos o incluso es amigo nuestro que es de esos buenos-buenos, de los que son buena gente de verdad, que nunca hace mal a nadie, que nunca está enfadado, siempre responde bien, disponible, que siempre es amable y cariñoso, correcto y educado. Bueno e íntegro. Correr es bueno e íntegro, si.

Maratón es el deporte de la victoria, aun cuando ni está ni se la espera.

jueves, 9 de octubre de 2014

Smaug el dragón.

Dos días seguidos de rodaje a ritmo suave y menos de 10k, sin presencia de dolor. Eso si, en cuanto estiraba la zancada el punto en la cara interna del pie me avisaba de que ahí hay algo que no se debe despertar, la tendinitis es el dragón Smaug y no debe ser molestado.

El dragón protege su tesoro y para arrebatárselo el maratoniano se debe acercar sigilosamente, de modo distraido, de soslayo. Un paso en falso puede acabar con cualquier previsión de carrera. Detente si no estás seguro del siguiente movimiento, si has de aproximarte hazlo poco a poco, sin brusquedades, ya puedes ser el señor de los gepesillos que si te pilla estás jodido.

Correr es también saber cuando no correr, dicho esto y sabiendo que he salido dos días seguidos me perdono el cross del domingo, embarrado y con cuestas no gracias.

martes, 30 de septiembre de 2014

Rebotando como en una máquina de pinball

El juego de pinball consiste en .... tron si tengo que explicar esto es que no has vivido.

A veces la bola entra en oscuros rincones y se pone a rebotar de un lado a otro sin que nosotros accionemos nada, ella solita golpea y golpea repetidamente todo lo que encuentra a su paso y llega incluso a rincones a los que ni queriendo llegarías, y te deja una monotada de puntos de modo milagroso.

En mi partida de pinball la bola sale despedida un y otra vez hacia la zona de puntos. A veces la bola se me escapa y cae al foso y tengo que volver a sacar desde el prncipio, que en el fondo me viene bien, pues aprovecho para darle un trago al tercio de Mahou, mientras el compañero juega su bola.  

Ese se puede decir que es mi actual plan de entrenamiento, gano puntos por jugadas aisladas sin que yo aparentemente haga nada, inexplicablemente surgen molestias conocidas y otras nuevas, cada vez domino menos lo que me pasa y me manejo a base de parar y seguir cuando puedo. Correr no es solo correr, que os voy a contar que no sepáis ya de esto. 

Los maratones están en las personas y hay que sacarlos como el escultor extrae la figura de la roca como comentaba hace poco Alex en su blog. Yo me veo en perspectiva, toco la roca y me entra la risa, ¡de aquí no se saca un maratoniano ni por asomo¡, pero tengo piedra y un cincel en la mano, soy escultor y no se hacer otra cosa, hasta el punto que trabajo de picapedrero en las tardes para completar el sueldo y pagarme las clases de la academia.

¡Si¡, tengo un plan de entrenamiento. ¿Cual?. Pues no se, ... pero se que hay uno.

En eso de salir pocos días pero como si hubieramos robado un banco, mi colega de running y yo nos vamos dejando la piel a tirones en las madrugadas de Madrid. Aun no hace frío, de hecho ni siquiera hace viento y el clima es "perfecto para correr", de eso que cuando estás en enero calado hasta los huesos y el sudor hace escarcha te acuerdas de días como los de ahora y dices eso de "jó que bien se corre en abril y en septiembre y no esta puta mierda que parecemos idotas corriendo a estas horas con la que está cayendo". Pues eso, que en estos días la mejora viene a paso lento, pausada, como tienen que ser estas cosas.

Leia hoy un artículo en Expansión titulado "Los 5 errores típicos del runner" y pese a oler a artículo revistero está muy acertado (hasta dice pulsímetro en lugar de pulsómetro): El salto a los 21 kilómetros debe llevarse a cabo al menos con un año de entrenamiento y con una marca de menos de una hora en los diez kilómetros. Ahí lo dejo como loa a la sensatez. El que lo escribiera tuvo pocas lineas pero sin duda sabe que a cada punto del artículo se le puede poner eso de "no, si ya lo se pero es que...." y añadirle mucha circunstancia de esa que le mola al yo para no estar tan solo.

La bola sale despedida de su carril y entra chocando fuertemente iluminando las estrellas, y los puntos saltan a cientos sobre el marcador. Los chavales esperan su turno agolpados sobre el cristal y casi se pierde de vista a la bola metálica cada vez que discurre por el puente que atraviesa el ancho de la máquina. Finalmente cesa la locura y cae a gran velocidad e inesperadamente surge la mágica jugada cuando el mando la recibe amortiguando la caida y la retiene; sosegadamente el jugador alcanza su botellín de cerveza, le da un trago corto y lo vuelve a dejar advirtiendo al amigo que ojito con el chisme. Levanta el dedo, cobra un poco de espacio, no más de un centímetro y pulsa el mando para lanzar de nuevo la bola a lo más alto del tablero donde el infierno de luces y sonidos se repite otra vez.