martes, 12 de abril de 2016

Cierre de blog por causas maratonianas

Abrí el blog siendo maratoniano, y mientras lo fui, disfruté contándolo, pero tuve que dejarlo por culpa de un aquiles cansado de soportar tantas ilusiones de corredor de maratón.

Tuve la inmensa fortuna de tocar fondo de verdad, cuando llegué a pensar que ya no volvía, que todo acababa. Tuve también la inmensa fortuna de negarme tres veces. a mi mismo, como corredor y como deportista.

Gracias a todo eso puedo mirar hacia arriba permanentemente hasta el objetivo fijado de volver a correr un maratón.

Sí, se lo que quiero, correr un maratón.

Cómo lo quiero, pues gobernando la carrera de principio a fin, con suficiencia. El logro no es terminar, eso cualquier bruto lo puede hacer, correr de verdad un maratón es otra cosa.

Quien lo ha hecho así, sabe de lo que hablo.

Cierro este blog hasta el día en que pueda correr un maratón al modo en el que los maratonianos corren los maratones. Un paso delante de otro, todos ellos medidos, calculados, pensados, economizados, trabajados, entrenados, soñados, generosos, humildes, esforzados y silenciosos. Siendo dueño de mis propios pasos. Todos ellos.

Algo de camino ya lo tengo hecho y seguiré corriendo hasta terminar el trabajo. Y un día, volveré para contarlo, y diré "sí, lo hice de nuevo".

RA

lunes, 4 de abril de 2016

Carreras Populares Vs Decidir el camino según se va encontrando

El sábado me llama el colega a eso de las 11 que ha conseguido un dorsal para la Media gracias a otro amigo y que como es domingo y toca tirada larga pues que si nos unimos a la tropa.

Iba a decir que no, pero nunca digo no a nada cuando se trata de correr, no es porque no pueda o quiera, es que no se hacerlo.

El sábado hay que decirlo estuve en casa de mi padre y le dio por preparar chorizo de varias maneras que le había contado un amigo de golf, en fin, pase la tarde como conejillo de indias catando chorizos.

Esa fue la preparación. Toda la preparación.

La carrera es una mierda. No puedes correr al principio, no puedes correr durante y no puedes correr al final, y lo digo con mi 1.54 y lo dice mi colega que lo hizo en 1:36.

Mucha gente no es una "fiesta del corredor popular", es una mierda pinchada en un palo. Si no se puede correr bien durante todo el recorrido NO VALE.

A mi me da igual porque iba a lo mío pero esta carrera ya se ha ido de las manos.

Qué sentido tiene cronometrarte cuando no puedes desarrollar todo tu potencial? A ver, no es que hubiera una o dos retenciones, es que todo era una retención constante.

Entre eso y la cantidad exagerada de gente corriendo me he sentido fuera de lugar. Cada vez me siento más lejos de estas cosas, tan excesivamente públicas, tan runner mega guay, tan popular. Me estaré haciendo viejuno pero me tira más el salir a rodar a tope sin dirección (entre comillas lo de a tope), decidiendo el camino según se va encontrando.Y que el crono sirva como testigo de lo que pasó, sin ser el protagonista porque lo que importa no es lo que he corrido ni a cuanto sino lo que me ha pasado mientras corría.

Y ayer, me dediqué a pensar en correr a mi ritmo, en rodar con control y en sentirme fuera de lugar. Y por cierto, el cabrón del colega me hizo un "salimos de tranquis" de libro: sonó el disparo de salida, pestañeé y la siguiente vez que le vi me estaba esperando en el parking.

lunes, 15 de febrero de 2016

Media Maratón Fuencarral El Pardo 2016 1:53:06

Me queda mucho trabajo por hacer. Pensaba que iba a estar mejor y ha sido un poco triste comprobar que estoy un par de escalones por debajo de donde pensaba que estaba.

La táctica fue la de bajar fuerte, morir en el falso llano, subir a paso de abuela, bajar a cuchillo y arrastrarme desde Montecarmelo hasta meta, la de siempre, y el resultado ha sido muy mediocre. Llegué desfondado y roto, desbordado por el esfuerzo y algo desencantado por cómo había transcurrido todo.

Tengo que mejorar la capacidad aeróbica, la fuerza, la resistencia, la elasticidad, el peso, y la mentalidad. Se que el día a día hará que siga mejorando, no tengo prisa por conseguirlo y tengo claro que mis objetivos tienen fecha de 2017, no me preocupa. Al fin y al cabo, ¿cuanta tierra necesita un hombre?

 


Érase una vez un campesino llamado Pahom, que había trabajado dura y honestamente para su familia, pero que no tenía tierras propias, así que siempre permanecía en la pobreza. "Ocupados como estamos desde la niñez trabajando la madre tierra -pensaba a menudo- los campesinos siempre debemos morir como vivimos, sin nada propio. Las cosas serían diferentes si tuviéramos nuestra propia tierra."
Ahora bien, cerca de la aldea de Pahom vivía una dama, una pequeña terrateniente, que poseía una finca de ciento cincuenta hectáreas. Un invierno se difundió la noticia de que esta dama iba a vender sus tierras. Pahom oyó que un vecino suyo compraría veinticinco hectáreas y que la dama había consentido en aceptar la mitad en efectivo y esperar un año por la otra mitad.
"Qué te parece -pensó Pahom- Esa tierra se vende, y yo no obtendré nada."
Así que decidió hablar con su esposa.
-Otras personas están comprando, y nosotros también debemos comprar unas diez hectáreas. La vida se vuelve imposible sin poseer tierras propias.
Se pusieron a pensar y calcularon cuánto podrían comprar. Tenían ahorrados cien rublos. Vendieron un potrillo y la mitad de sus abejas; contrataron a uno de sus hijos como peón y pidieron anticipos sobre la paga. Pidieron prestado el resto a un cuñado, y así juntaron la mitad del dinero de la compra. Después de eso, Pahom escogió una parcela de veinte hectáreas, donde había bosques, fue a ver a la dama e hizo la compra.
Así que ahora Pahom tenía su propia tierra. Pidió semilla prestada, y la sembró, y obtuvo una buena cosecha. Al cabo de un año había logrado saldar sus deudas con la dama y su cuñado. Así se convirtió en terrateniente, y talaba sus propios árboles, y alimentaba su ganado en sus propios pastos. Cuando salía a arar los campos, o a mirar sus mieses o sus prados, el corazón se le llenaba de alegría. La hierba que crecía allí y las flores que florecían allí le parecían diferentes de las de otras partes. Antes, cuando cruzaba esa tierra, le parecía igual a cualquier otra, pero ahora le parecía muy distinta.
Un día Pahom estaba sentado en su casa cuando un viajero se detuvo ante su casa. Pahom le preguntó de dónde venía, y el forastero respondió que venía de allende el Volga, donde había estado trabajando. Una palabra llevó a la otra, y el hombre comentó que había muchas tierras en venta por allá, y que muchos estaban viajando para comprarlas. Las tierras eran tan fértiles, aseguró, que el centeno era alto como un caballo, y tan tupido que cinco cortes de guadaña formaban una avilla. Comentó que un campesino había trabajado sólo con sus manos, y ahora tenía seis caballos y dos vacas.
El corazón de Pahom se colmó de anhelo.
"¿Por qué he de sufrir en este agujero -pensó- si se vive tan bien en otras partes? Venderé mi tierra y mi finca, y con el dinero comenzaré allá de nuevo y tendré todo nuevo".
Pahom vendió su tierra, su casa y su ganado, con buenas ganancias, y se mudó con su familia a su nueva propiedad. Todo lo que había dicho el campesino era cierto, y Pahom estaba en mucha mejor posición que antes. Compró muchas tierras arables y pasturas, y pudo tener las cabezas de ganado que deseaba.
Al principio, en el ajetreo de la mudanza y la construcción, Pahom se sentía complacido, pero cuando se habituó comenzó a pensar que tampoco aquí estaba satisfecho. Quería sembrar más trigo, pero no tenía tierras suficientes para ello, así que arrendó más tierras por tres años. Fueron buenas temporadas y hubo buenas cosechas, así que Pahom ahorró dinero. Podría haber seguido viviendo cómodamente, pero se cansó de arrendar tierras ajenas todos los años, y de sufrir privaciones para ahorrar el dinero.
"Si todas estas tierras fueran mías -pensó-, sería independiente y no sufriría estas incomodidades."
Un día un vendedor de bienes raíces que pasaba le comentó que acababa de regresar de la lejana tierra de los bashkirs, donde había comprado seiscientas hectáreas por sólo mil rublos.
-Sólo debes hacerte amigo de los jefes -dijo- Yo regalé como cien rublos en vestidos y alfombras, además de una caja de té, y di vino a quienes lo bebían, y obtuve la tierra por una bicoca.
"Vaya -pensó Pahom-, allá puedo tener diez veces más tierras de las que poseo. Debo probar suerte."
Pahom encomendó a su familia el cuidado de la finca y emprendió el viaje, llevando consigo a su criado. Pararon en una ciudad y compraron una caja de té, vino y otros regalos, como el vendedor les había aconsejado. Continuaron viaje hasta recorrer más de quinientos kilómetros, y el séptimo día llegaron a un lugar donde los bashkirs habían instalado sus tiendas.
En cuanto vieron a Pahom, salieron de las tiendas y se reunieron en torno al visitante. Le dieron té y kurniss, y sacrificaron una oveja y le dieron de comer. Pahom sacó presentes de su carromato y los distribuyó, y les dijo que venía en busca de tierras. Los bashkirs parecieron muy satisfechos y le dijeron que debía hablar con el jefe. Lo mandaron a buscar y le explicaron a qué había ido Pahom.
El jefe escuchó un rato, pidió silencio con un gesto y le dijo a Pahom:
-De acuerdo. Escoge la tierra que te plazca. Tenemos tierras en abundancia.
-¿Y cuál será el precio? -preguntó Pahom.
-Nuestro precio es siempre el mismo: mil rublos por día.
Pahom no comprendió.
-¿Un día? ¿Qué medida es ésa? ¿Cuántas hectáreas son?
-No sabemos calcularlo -dijo el jefe-. La vendemos por día. Todo lo que puedas recorrer a pie en un día es tuyo, y el precio es mil rublos por día.
Pahom quedó sorprendido.
-Pero en un día se puede recorrer una vasta extensión de tierra -dijo.
El jefe se echó a reír.
-¡Será toda tuya! Pero con una condición. Si no regresas el mismo día al lugar donde comenzaste, pierdes el dinero.
-¿Pero cómo debo señalar el camino que he seguido?
-Iremos a cualquier lugar que gustes, y nos quedaremos allí. Puedes comenzar desde ese sitio y emprender tu viaje, llevando una azada contigo. Donde lo consideres necesario, deja una marca. En cada giro, cava un pozo y apila la tierra; luego iremos con un arado de pozo en pozo. Puedes hacer el recorrido que desees, pero antes que se ponga el sol debes regresar al sitio de donde partiste. Toda la tierra que cubras será tuya.
Pahom estaba alborozado. Decidió comenzar por la mañana. Charlaron, bebieron más kurniss, comieron más oveja y bebieron más té, y así llegó la noche. Le dieron a Pahom una cama de edredón, y los bashkirs se dispersaron, prometiendo reunirse a la mañana siguiente al romper el alba y viajar al punto convenido antes del amanecer.
Pahom se quedó acostado, pero no pudo dormirse. No dejaba de pensar en su tierra.
"¡Qué gran extensión marcaré! -pensó-. Puedo andar fácilmente cincuenta kilómetros por día. Los días ahora son largos, y un recorrido de cincuenta kilómetros representará gran cantidad de tierra. Venderé las tierras más áridas, o las dejaré a los campesinos, pero yo escogeré la mejor y la trabajaré. Compraré dos yuntas de bueyes y contrataré dos peones más. Unas noventa hectáreas destinaré a la siembra y en el resto criaré ganado."
Por la puerta abierta vio que estaba rompiendo el alba.
-Es hora de despertarlos -se dijo-. Debemos ponernos en marcha.
Se levantó, despertó al criado (que dormía en el carromato), le ordenó uncir los caballos y fue a despertar a los bashkirs.
-Es hora de ir a la estepa para medir las tierras -dijo.
Los bashkirs se levantaron y se reunieron, y también acudió el jefe. Se pusieron a beber más kurniss, y ofrecieron a Pahom un poco de té, pero él no quería esperar.
-Si hemos de ir, vayamos de una vez. Ya es hora.
Los bashkirs se prepararon y todos se pusieron en marcha, algunos a caballo, otros en carros. Pahom iba en su carromato con el criado, y llevaba una azada. Cuando llegaron a la estepa, el cielo de la mañana estaba rojo. Subieron una loma y, apeándose de carros y caballos, se reunieron en un sitio. El jefe se acercó a Pahom y extendió el brazo hacia la planicie.
-Todo esto, hasta donde llega la mirada, es nuestro. Puedes tomar lo que gustes.
A Pahom le relucieron los ojos, pues era toda tierra virgen, chata como la palma de la mano y negra como semilla de amapola, y en las hondonadas crecían altos pastizales.
El jefe se quitó la gorra de piel de zorro, la apoyó en el suelo y dijo:
-Ésta será la marca. Empieza aquí y regresa aquí. Toda la tierra que rodees será tuya.
Pahom sacó el dinero y lo puso en la gorra. Luego se quitó el abrigo, quedándose con su chaquetón sin mangas. Se aflojó el cinturón y lo sujetó con fuerza bajo el vientre, se puso un costal de pan en el pecho del jubón y, atando una botella de agua al cinturón, se subió la caña de las botas, empuñó la azada y se dispuso a partir. Tardó un instante en decidir el rumbo. Todas las direcciones eran tentadoras.
-No importa -dijo al fin-. Iré hacia el sol naciente.
Se volvió hacia el este, se desperezó y aguardó a que el sol asomara sobre el horizonte.
"No debo perder tiempo -pensó-, pues es más fácil caminar mientras todavía está fresco."
Los rayos del sol no acababan de chispear sobre el horizonte cuando Pahom, azada al hombro, se internó en la estepa.
Pahom caminaba a paso moderado. Tras avanzar mil metros se detuvo, cavó un pozo y apiló terrones de hierba para hacerlo más visible. Luego continuó, y ahora que había vencido el entumecimiento apuró el paso. Al cabo de un rato cavó otro pozo.
Miró hacia atrás. La loma se veía claramente a la luz del sol, con la gente encima, y las relucientes llantas de las ruedas del carromato. Pahom calculó que había caminado cinco kilómetros. Estaba más cálido; se quitó el chaquetón, se lo echó al hombro y continuó la marcha. Ahora hacía más calor; miró el sol; era hora de pensar en el desayuno.
-He recorrido el primer tramo, pero hay cuatro en un día, y todavía es demasiado pronto para virar. Pero me quitaré las botas -se dijo.
Se sentó, se quitó las botas, se las metió en el cinturón y reanudó la marcha. Ahora caminaba con soltura.
"Seguiré otros cinco kilómetros -pensó-, y luego giraré a la izquierda. Este lugar es tan promisorio que sería una pena perderlo. Cuanto más avanzo, mejor parece la tierra."
Siguió derecho por un tiempo, y cuando miró en torno, la loma era apenas visible y las personas parecían hormigas, y apenas se veía un destello bajo el sol.
"Ah -pensó Pahom-, he avanzado bastante en esta dirección, es hora de girar. Además estoy sudando, y muy sediento."
Se detuvo, cavó un gran pozo y apiló hierba. Bebió un sorbo de agua y giró a la izquierda. Continuó la marcha, y la hierba era alta, y hacía mucho calor.
Pahom comenzó a cansarse. Miró el sol y vio que era mediodía.
"Bien -pensó-, debo descansar."
Se sentó, comió pan y bebió agua, pero no se acostó, temiendo quedarse dormido. Después de estar un rato sentado, siguió andando. Al principio caminaba sin dificultad, y sentía sueño, pero continuó, pensando: "Una hora de sufrimiento, una vida para disfrutarlo".
Avanzó un largo trecho en esa dirección, y ya iba a girar de nuevo a la izquierda cuando vio un fecundo valle. "Sería una pena excluir ese terreno -pensó-. El lino crecería bien aquí.". Así que rodeó el valle y cavó un pozo del otro lado antes de girar. Pahom miró hacia la loma. El aire estaba brumoso y trémulo con el calor, y a través de la bruma apenas se veía a la gente de la loma.
"¡Ah! -pensó Pahom-. Los lados son demasiado largos. Este debe ser más corto." Y siguió a lo largo del tercer lado, apurando el paso. Miró el sol. Estaba a mitad de camino del horizonte, y Pahom aún no había recorrido tres kilómetros del tercer lado del cuadrado. Aún estaba a quince kilómetros de su meta.
"No -pensó-, aunque mis tierras queden irregulares, ahora debo volver en línea recta. Podría alejarme demasiado, y ya tengo gran cantidad de tierra.".
Pahom cavó un pozo de prisa.
Echó a andar hacia la loma, pero con dificultad. Estaba agotado por el calor, tenía cortes y magulladuras en los pies descalzos, le flaqueaban las piernas. Ansiaba descansar, pero era imposible si deseaba llegar antes del poniente. El sol no espera a nadie, y se hundía cada vez más.
"Cielos -pensó-, si no hubiera cometido el error de querer demasiado. ¿Qué pasará si llego tarde?"
Miró hacia la loma y hacia el sol. Aún estaba lejos de su meta, y el sol se aproximaba al horizonte.
Pahom siguió caminando, con mucha dificultad, pero cada vez más rápido. Apuró el paso, pero todavía estaba lejos del lugar. Echó a correr, arrojó la chaqueta, las botas, la botella y la gorra, y conservó sólo la azada que usaba como bastón.
"Ay de mí. He deseado mucho, y lo eché todo a perder. Tengo que llegar antes de que se ponga el sol."
El temor le quitaba el aliento. Pahom siguió corriendo, y la camisa y los pantalones empapados se le pegaban a la piel, y tenía la boca reseca. Su pecho jadeaba como un fuelle, su corazón batía como un martillo, sus piernas cedían como si no le pertenecieran. Pahom estaba abrumado por el terror de morir de agotamiento.
Aunque temía la muerte, no podía detenerse. "Después que he corrido tanto, me considerarán un tonto si me detengo ahora", pensó. Y siguió corriendo, y al acercarse oyó que los bashkirs gritaban y aullaban, y esos gritos le inflamaron aún más el corazón. Juntó sus últimas fuerzas y siguió corriendo.
El hinchado y brumoso sol casi rozaba el horizonte, rojo como la sangre. Estaba muy bajo, pero Pahom estaba muy cerca de su meta. Podía ver a la gente de la loma, agitando los brazos para que se diera prisa. Veía la gorra de piel de zorro en el suelo, y el dinero, y al jefe sentado en el suelo, riendo a carcajadas.
"Hay tierras en abundancia -pensó-, ¿pero me dejará Dios vivir en ellas? ¡He perdido la vida, he perdido la vida! ¡Nunca llegaré a ese lugar!"
Pahom miró el sol, que ya desaparecía, ya era devorado. Con el resto de sus fuerzas apuró el paso, encorvando el cuerpo de tal modo que sus piernas apenas podían sostenerlo. Cuando llegó a la loma, de pronto oscureció. Miró el cielo. ¡El sol se había puesto! Pahom dio un alarido.
"Todo mi esfuerzo ha sido en vano", pensó, y ya iba a detenerse, pero oyó que los bashkirs aún gritaban, y recordó que aunque para él, desde abajo, parecía que el sol se había puesto, desde la loma aún podían verlo. Aspiró una buena bocanada de aire y corrió cuesta arriba. Allí aún había luz. Llegó a la cima y vio la gorra. Delante de ella el jefe se reía a carcajadas. Pahom soltó un grito. Se le aflojaron las piernas, cayó de bruces y tomó la gorra con las manos.
-¡Vaya, qué sujeto tan admirable! -exclamó el jefe-. ¡Ha ganado muchas tierras!
El criado de Pahom se acercó corriendo y trató de levantarlo, pero vio que le salía sangre de la boca. ¡Pahom estaba muerto!
Los pakshirs chasquearon la lengua para demostrar su piedad.
Su criado empuñó la azada y cavó una tumba para Pahom, y allí lo sepultó. Dos metros de la cabeza a los pies era todo lo que necesitaba.

jueves, 11 de febrero de 2016

Táctica para la Fuencarral El Pardo

Si estuviera entrenado, no estuviuera pasado de peso y plenamente capacitado, no tendría dura, iría a tope hasta la subida del cuartel, subiría aguantando el tipo lo más posible y volvería a darle duro hasta Montecarmelo, y una vez allí volver a aguantar el tipo hasta la pista de atletismo.

Pero como estoy fatal de todo, sin fuerza ni fondo y además, con cuatro o cinco kilos de más, la táctica será ir a tope hasta la subida del cuartel, subir aguantando el tipo lo más posible y volver a darle duro hasta Montecarmelo, y una vez allí volver a aguantar el tipo hasta la pista de atletismo.

Cada año hago ese mismo recorrido tres o cuatro veces, buscando a menudo los caminos de tierra interiores. Por el tipo de arena el campo no llega a encharcarse ni se hace pesado correr, aun con lluvia. Siempre se sufre subiendo y siempre se sufre bajando, no es una carrera en la que existan tramos en los que no suceda nada, siempre tienes que estar activo y tomando decisiones.

Subir sí, pero a cuánto. Bajar sí, pero a cuánto. Y el llano es falso llano,o sea subida. Recomiendo echar el resto en las bajadas. Bueno, mejor no recomiendo nada que lo que a mi me vale a otro le puede crujir por el eje. Si el día de la carrera dudas aquí tienes sobrads razones para hacerlo. ¿Estarás perparado para subir fuerte?. ¿picharás nada más acabar la bajada?. Es la Fuencarral-El Pardo, aquí es lo normal. Nadie sabe lo que va a pasar. El 1:40 aquí es 1:50, no busques marca, mira el campo, disfrútalo y al llegar al cuartel que sepas que a ambos lados por el interior hay cientos de caminos para  un buen día de tirada larga.

Lo mejor de esta carrera es que después de esta carrera las demás son fáciles.  

En las carreras ahora hay "de todo", el posturitas, el palo selfie y el del móvil en el brazo para hacerse fotos y el de la cámara. Mucho ego, mucha tontería y a parttir de la esquina del cuartel uno se da cuenta de que aquí se viene a correr o a correr y punto.

lunes, 1 de febrero de 2016

Vamos corriendo por Pamplona.

Finde, fotos, comer, correr, Pamplona, Novatillo y Alex.

Hay planes que salen bien y te alegras. Otros en cambio, tienes unas expectativas muy altas de lo que podría ser y resulta que salen tan exactamente clavados a lo que te has imaginado que te asombras, pues en este caso ha sido algo así.

Volamos desde  Madrid y aterrizamos en 40 minutos, sale el vuelo más barato que muchos maratones y dura menos que mi última marca en 10k.

Alquilo un coche por menos de lo que cuesta una San Silvestre y tras un paso rápido por el hotel ya estaba en modo turista, armado de una estupenda cámara y rodeado de bares que me llamaban incesantemente a que acabara con su reserva de pintxos. Y eso hice.

Era viernes a medio día y el mundo aún no acababa.

Mi idea era llegar cómodamente y conocer la ciudad, y así fue, con facilidad llegamos al centro y recorrimos Estafeta y llegamos al San Nicolás en la calle del mismo nombre que por 11,50€ nos pusieron cuatro tapas y dos vinos. Seguimos tapeando por la misma calle unos metros más adelante y lo mismo, precios asequibles y buenas tapas.

Por la noche lo mismo, pasando esta vez por el Gaucho recomendado por Alex.

Al día siguiente ruta interior. De Pamplona a Etxalar por la mañana, pasando por Ziga y comiendo en el La Basque en Etxalar. Por 25€ unos entrantes descomunales, una fuente de judías y una chuleta de ternera que no cabía en el plato. Con las calorías que me llevé se puede alimentar a diez maratonianos en una semana. Aquí el mundo ya se acabó para mí.

Por la tarde tocaba Roncesvalles y no pude ni cenar. El domingo paseito ligero y a casa, con la misma facilidad con la que vinimos.

Y entre todo esto, pude quedar con Alex y Novatillo para sacar 10k amenos y aderezados por la bajada del Portal de Francia. ¡Qué gran bajada ha perdido el Maratón de Pamplona, eligiendo la subida en su lugar!.

Hablamos de las cosas de las que hablan los corredores, carreras, achaques, chuliqueos, gente que corre y marcas. Disfruté del recorrido, charla runner 100% y gracias a las explicaciones del "Niño de las piedras" entendí Pamplona desde sus raices medievales hasta la actualidad a través de sus sucesivos ensanches, y averigué cómo un pamplonica sin coche elige a Kioto, cosas del protocolo.

Son gente excelente.

Fui a perderme por sitios nuevos, a disfrutar de los pueblos y paisajes, a traer buenos recuerdos y lo conseguí.

Dejo unas fotos, desordenadas, tanto como mis intenciones en este viaje